viernes, 3 de junio de 2011

El hombre...

Se sabe que el hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir. Poco a poco, el hombre destruye todo lo que hay a su al rededor, los campos que tiempo atrás eran la fuente de vida, acabaron en manos del hombre siendo explotadas descomunalmente, el Amazonas era uno de los abundantes bosques y ahora es prácticamente el mayor productor de oxígeno, e increíblemente, casi el único. ¿Por qué el hombre siempre intenta conquistar todo a su paso? Bien pues la pregunta a este gran dilema es: porque el hombre es un animal que vive de ambiciones, que vive de emociones, y si no tiene retos, si no tiene superaciones el ser humano no es nadie. ¿Qué ocurre cuando ve todos los recursos explotados por sus antecesores? Claramente intenta reaccionar ante tales males aparentes, pero no por obligación sino por ambición. El problema que hay en la sociedad actual es ese.
Todo se hace por ambición sin tener en cuenta lo que en realidad cuenta que es la supervivencia, uno de los principios que años atrás, tal vez siglos, se olvidó.
Hoy en día nos preocupamos de etiquetas banales que no llevan a ningún sito salvo a la aceptación de los otros, que desemboca en una sensación efímera.
La esencia, como dijo Aristóteles es la virtud, aquello de lo que el hombre participa, su esencia suprema: la sociabilidad.